jueves, diciembre 29, 2011

Cualesquiera sean los días que transiten, así me pese el calor, me arrolle el frío o me diluvie las brisas estacionales puedo sentir tu hálito enredándose en mis pestañas. Las tocas como si fuesen nubes descendidas meramente para tu persona, las caricias que estampillan mi afecto hacia tu delicadeza, hacia tu ternura.
La recóndita mirada que me dilapida, desenfoca mis pies del eje, siento desfilar la vida sin relevancia del tiempo y lugar, viaja a millones de segundos cuando yo únicamente puedo inmovilizarme por minutos, horas, o hasta días, como una especie de conjuro hipnótico sin importar más que tu iris, alejándome de cualquier escenario. Posiblemente se ausculte cerca los latidos de miles colibríes, pero continua sin llamarme la atención, ni la melodía más cautivadora consigue sacarme de ese trance, que me sonroja con fervor. 
Nutres mi desgarrada percepción de la vida, con un dulce sabor amargo que se depura en mis papilas siendo tan extrañas pero tan adictivas a la vez. El ámbar que yace en tus labios me llena los pulmones de flores, de vitalidad. Sos vitalidad. 

lunes, diciembre 26, 2011

Que lindo, efecto placebo.

viernes, diciembre 23, 2011

i've drown in my thoughts a lot

Francamente me aburro un poco. Estoy seguro que si me domesticas mi vida se verá envuelta por un gran sol. Podré conocer un ruido de pasos que será bien diferente a todos los demás. Los otros pasos, me hacen correr y esconder bajo la tierra. Pero el tuyo sin embargo, me llamará fuera de la madriguera, como una música. ¡Mira! ¿Puedes ver allá a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan, por lo que para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo nada me recuerdan. ¡Es triste! Pero tú tienes cabellos de color oro. Cuando me hayas por fin domesticado, el trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo.
Debes tener suficiente paciencia. En un principio, te sentarás a cierta distancia, algo lejos de mí sobre la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra suele ser fuente de malentendidos. Cada día podrás sentarte un poco más cerca.
Lo mejor es venir siempre a la misma hora. Si sé que vienes a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres. A medida que se acerque la hora más feliz me sentiré. A las cuatro estaré agitado e inquieto; comenzaré a descubrir el precio de la felicidad. En cambio, si vienes a distintas horas, no sabré nunca en qué momento preparar mi corazón… Los ritos son necesarios. Se trata también de algo bastante olvidado. Es aquello que hace que un día se diferencie de los demás, una hora de las otras horas.
Pero al acercarse la hora de la partida: Voy a llorar. Aunque yo quise que me domesticaras. Ganaré por el color del trigo.

jueves, diciembre 15, 2011



She brings the sunshine to a rainy afternoon;
She puts the sweetness in, stirs it with a spoon.
She watches for my moods, never brings me down;
She puts the sweetness in, all around.
She knows just what to say to make me feel so good inside.
And when I'm all alone I feel I don't want to hide, hide, hide.

miércoles, diciembre 07, 2011

Untitled #6

Cuanta muerte se traducen en aquellos ojos del clima, que ya lóbregos, solo exponen un invierno interno, eterno.  Pensamientos ciegos, desasosegados que salen a borbotones, que se colisionan entre sí, sin dejar nada en claro, sin activar aquella luz visual. Un sistema de recelos, miedos, esperanzas caducadas, de perpetuas utopías, de ladrillos demolidos, de espejismos lacerados.
Cuanta poesía se puede robar de aquel cuerpo violado por esa alma que continúa combatiendo, en búsqueda de un espacio en este orbe. Es que da tanto miedo (no) ser feliz, es que es un ahogo tangible el tratar, la imperecedera exploración de aquel esqueleto vital.
¿Cómo subsistir a una naturaleza en contra mano? Nadie, incluyendo mi entidad, logra situarse en mis zapatos. Nadie puede, ni yo misma. Nadie entiende, ni entenderá, ni entenderé, el sufrimiento que tuteló mi psiquis, que se instaló cual parásito y minuto a minuto se reproduce, sin retorno alguno.
El recelo de seguir habitando sin propósitos, esas reflexiones que nada más advierten y revelan una sangre congelada, un cuerpo desocupado, un alma exánime,  un corazón empedrado, unos ojos apagados, una mueca bosquejada mendaz,  un hálito inerte, un andar fatigoso, indiferente, desvivido.  Como mi ocupación en este mundo tan perpendicular al mío. Atravesarlo: no correspondo a esta prosperidad humana.


viernes, diciembre 02, 2011

Quien se atreva, quien pueda sacudir las ideas, batirlas, diluirlas, exprimirlas, desarraigarlas. Eliminarlas. Un disco rayado que no para de tintinear lo similar, después de tantos años me es tan familiar y tan agobiador este escenario. Que me da escalofríos. Que me das escalofríos.
Un hilo refulgente recorre mis ya expuestas vertebras, un ahogo intrínseco que está corroyendo cada corpúsculo de mi entelequia. Me cuesta encontrarme. Quien se anime a colorearme de una vez, quien logre remendar esta lucidez dilapidada, este cuerpo descarriado, esta ánima aturdida. Quien sea idóneo de ponerle un freno a esto, quien simplemente pueda emparchar este espíritu perdido, merodeador, externa. Te entiendo. Te entiendo tanto,  entiendo el motivo de tu extirpación, entiendo porque no queres eternizarte en mí. Lo comprendo y lo apruebo, yo haría lo mismo si fuera lo suficientemente bizarra como para, finalmente, abandonarme.
Pero aquellas personas que se atrevieron, exponen algo que imagino, que ansío, una utopía quimérica. Es un horizonte infinito, soy yo en un camino sin rumbo, soy yo perdida, no obstante, esperanzada con hallarme, con resignar a este martirio que me acecha desde hace ya quién sabe cuánto. Quien se atreva, podrá darle en el clavo a esto, o tal vez, va a ser la hora de que me atreva. Retozar, apostar, desafiar, una pizca de intrepidez y kilos de albedrío.