viernes, noviembre 22, 2013

Hoy después de casi un año, tuve el tiempo de sentarme a releer mi blog y notar lo nutrida que estaba antes. Por mis venas no solo corría sangre, sino la desesperación de que los sentimientos no se alboroten, se encaminen y no salgan a borbotones haciendo explotar mi cuerpo. No escribí porque no tenía tiempo, de hecho, tuve mucho tiempo de soledad. Tanto tiempo que me olvidé de mí. Y no sé qué escribir. Perdí la capacidad de todo.
Releer aquellas escrituras me llenaron de oxígeno los pulmones, no puedo creer cómo hice para sentir aquellas cosas. Hoy soy una coraza.
Hoy no emito juicio; no tengo satisfacciones ni tristezas. Mis llantos son vacíos, mis sonrisas son... absurdas. Mis latidos siguen siendo en vano, pero ahora son más en vano, ¡ahora sí son en vano! ya no siento nada.
Hoy derramé una lágrima porque ví un documental sobre el flaco Spinetta y Pescado Rabioso. Nada más, fue la única lágrima con sentido desde hace tanto tiempo, cuando decidí apagar las emociones.
No sé qué tal se siente, no sé si lo recomiendo, este estado de stand by, de bloqueo mental no es más que una evación a lo que soy.
Volví, pero ya me retiro, no quiero perder la costumbre de fugarme. De todas formas, no tengo nada para comentar, mis mayores dolores fueron imposibles de escribir, creo que a partir de mayo de este año perdí toda clase de expresión
Señoras y señores, quiero que sepan que desde mayo de este año que estoy muerta, finalmente, mi luz se apagó. Soy una persona que vive por inercia y que solamente espera que su cuerpo se apague completamente.
Lo siento, no tengo capacidad de escritura tampoco. Son absurdas, torpes, carentes de coherencia, pero ya la perdí hace mucho tiempo.
Disculpen señoras y señores, me retiro, una vez más.

jueves, enero 24, 2013

Regresé para nunca más volver.



Vamos despacio para (no) encontrarnos, el tiempo es arena en mis manos. Sé por tus marcas cuanto has dejado para olvidar lo que hiciste, sentir algo que nunca sentiste. 
Sos el paisaje más soñado y sacudiste las más sólidas tristezas y respondiste cada vez que te he llamado.