Terminemos con esta relación enfermiza entre el cuerpo y el alma. El alma quiere tener paz y el cuerpo se empeña en encadenarla para hacerla suya hasta el fin de los latidos.
"Déjame desertar de una vez. Permitime abandonar esta condena. Migremos hacia lados contrarios, yo ya no te necesito más. Fuiste un puente y te derrumbaste, y ahora me estás arrastrando a la corriente para pudrirnos en lo más hondo de las profundidades. Debes entender que ya no somos una unidad, estoy intentando apartarme de vos hace mucho tiempo. Déjame ser libre, necesito tener paz. "
El alma.
"Quisiera que entiendas que todo lo que hago es por miedo e inseguridades, quiero retenerte para demostrarte que todo puede ser como querés, puedo prometerte todo lo que soñás e incluso más. Pero aunque lo intente, es en vano, solamente querés desprenderte de mí, y no te culpo.
Es lógico, en mi nada más vas a encontrar el camino que está forjado: la perdición, y la muerte; así es como serás mi prisionera para siempre. Te encadenaré en este cadáver maléfico para que nunca puedas abandonarme. Realmente te necesito, pero no importa eso cuando el destino nuestro está escrito. Nunca deberíamos haber sido uno, no obstante, lamento decirte pequeña alma, estaremos unidos para siempre. Jamás hallarás lo que necesitas aun cuando yo ya no funcione."
El cuerpo.