Solo quiero tener la cabeza bajo la tierra y observar la vida de las hormigas. Solo quiero estar postrada en una cama mirando el techo y consumiendo mi alma a pasos agigantados. Solo quiero estar tirada bajo un suave sol que me acaricie mis rojas y gastadas mejillas, un pasto que me abrace en un lugar donde la gente no me den ganas de morir. Solo quiero poder sonreír con la intensidad que solía hacerlo y tener carcajadas sinceras y una cabeza despejada. Solo quiero acostarme en mi cama y dormir y vivir en un tiempo onírico que sea realmente una experiencia digna de recordarla con entusiasmo.
Es que me pasa que estoy un tanto perturbada, con la cabeza confundida, con el lagrimar sensible, con una desesperación hacia la muerte. Parece fascinante y a la vez, cual cuento de terror, el temor por abandonar(me). Parece la única escapatoria a esta escalera caracol que no para de conectarse y son los mismos escalones, en los cuales tropiezo una y otra vez pudriéndome las entrañas, los ojos, las pestañas. Mi vitalidad. Solo quiero estar sola.
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