Oscuridad. Confusión. Lúgubre.
Temeroso. Así comenzaba todo. Nico, de solo 10 años, me contaba que estaba
metido en un ambiente tan feo como el ambiente que nos azotaba. Teníamos
nuestras cosas ocultas de los demás, no sé qué había ahí. Nos quisieron robar
un par de veces, pero eso no pudo pasar.
Comienzo a caminar por un camino
más oscuro, entre más avanzaba más oscuro y sólo se divisaba una luz blanca,
mis menos favoritas. Me topo con un par de personas desconocidas, nado entre
ellas. Ingreso a lo que era la casa en donde residíamos con mi familia en unas
¿aparentes vacaciones?
Todo el ambiente era más macabro,
la casa vieja, descuidada, abandonada. Mi habitación era una pesadilla. Una
cama enorme, vieja, muy grande para mí. Diviso por la ventana a mi papá
saliendo muy rápido con su camioneta. Pensé que era porque en el medio de la
noche había dejado su vehículo mal estacionado. Error. En su velocidad lo cazan
dos camionetas más grandes y de ellas se bajan muchas personas peligrosas. Peligro
y desesperación. Realizo una llamada telefónica para calmarme. Me doy cuenta
que estoy en movimiento, la casa donde habitaba comenzaba a trasladarse. Mi
mente podía estar jugándome una mala pasada, una vez más. La voz del otro lado
me calmaba, hasta que empieza a flirtear la llamada con otra voz, mi primo. Le
respondo a él y su voz se torna distorsionada y maquiavélica. Grito. O no
grito, porque mi voz desgarraba mi garganta pero mis cuerdas vocales no
vibraban en lo absoluto.
Mi psiquis pierde los estribos y
empiezo a desesperarme ante la inutilidad de pedir ayuda, auxilio. La puerta se
abre. La luz de lo que más amo en este universo ingresa. No obstante, no era su
luz. No era ella. Ocultaba algo detrás de su espalda. Desconfianza. Cómo
alguien tan puro y hermoso me podía dañar. Y ahí me doy cuenta que no era ella,
era algo que mutó su forma y se dispuso a atacarme con algo desconocido pero
repulsivo. Una vez más me dispongo a gritar y no puedo. No puedo.
Desesperación. Caos. Una
pesadilla que no quería derrotarme, ni exterminarme. Solo quería recordarme que
el miedo está ahí instalado, en mi inconsciente. Una vez más, la mente es el
arma más destructiva y letal.
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