Por más que se quieran tapar las cosas y auto convencerse
que al final todo cambió, la esencia está siempre ahí, en el núcleo, presente
para terminar de teñir todo con su oscuridad. Todo brote de luz que intenta resurgir,
es abrazado y maniatado por mi maldita esencia.
Siempre el mismo escenario, nadando contra la corriente,
pensando más de la cuenta y sintiendo erróneamente. Sería necesario el
exterminio de este cerebro lleno de pesimismo y temor. Al fin y al cabo,
siempre termine siendo una ilusa creyendo que me había librado de todo aquello que
me azotó y que tan mal hizo en mi existencia. Qué difícil es librarse de la
mente cuando habita en el mismo cuerpo. Qué recurrente este pensamiento, qué
recurrente estos escritos.
Querida, estás igual de rota que siempre, sólo que adornaste
tu infelicidad con un poco de ese maquillaje que tanto te gusta.
Nadie es capaz de entender ni comprender, ni siquiera
imaginarse lo que se puede sufrir, lo vivido, y a la misma vez, lo muerto que
se siente todo. Son sentimientos extremos, furiosos, tiernos y penosos. Son
abrazos desgarradores y un taladro mental que no para de repetirte una y otra
vez que no tenés escapatoria de tu final predecible.
Querida, estás igual de rota que siempre, sólo que ahora
estás dándote cuenta de eso e intentando ahogarte para terminar con esto de una
vez.